Utilizar plataformas de peticiones.

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Recientemente he comprado una impresora laser monocromo, es una delicia ver como imprime, lástima que cuando imprima 10.000 folios me veré obligado a tirarla a la basura o pasar por ingenuo y despilfarrador.

          Al llegar la impresora a imprimir 10.000 folios tendré que cambiar el tambor que me cuesta 77 euros, si a ello sumo un nuevo cartucho de tóner, otros 40 euros, me resulta un coste en consumibles de 117 euros, cuando por 85 euros puedo comprarme otra impresora igual que trae el mismo tambor y cartucho de tóner.

    Es claro que pagando 37 euros menos tendré una nueva impresora con su nuevo periodo de garantía, tirare la antigua, aunque funcione perfectamente, colaborando innecesariamente en la destrucción del medio ambiente. Esta actuación tiene poca importancia en una máquina, pero es catastrófico cuando todo el mundo hace lo mismo.

¿Por qué ocurren estas anomalías y cómo subsanarlo?

Cuando en un sector productivo se encuentra un proceso o sistema comercial exitoso, que aun siendo poco ético es legal, este proceso termina aplicándose a todas las empresas, toda vez que la empresa que no lo aplique competirá en desventaja llegando a ser expulsada por las demás del mercado. Las empresas no pueden autorregularse subsanando por si mismas estas anomalías, por pura supervivencia se ven por tanto obligadas a llegar hasta donde llegan sus competidoras, es decir hasta donde la Ley les permite.

La experiencia nos dice que los consumidores terminan aceptando estas nuevas fórmulas que aparentemente les beneficia, evaluando para ello que si se permite su venta no puede ser perjudicial, sin considerar que la presión que ejercen las empresas para que se desregulen los mercados, (para hacer lo que quieran) no tiene apenas compensación por parte de los consumidores, por lo que en ocasiones parece que las normas se confeccionan pensando en el mantenimiento del beneficio empresarial por encima de cualquier otro condicionante.

Es por tanto ante la clase política sobre la que debemos influir para que se imponga a las empresas unos límites que, sin ser perjudiciales para las empresas dado que se mantiene el mismo nivel de competencia entre todas ellas, les impidan utilizar operativas perniciosas para la sociedad.

Sobre la práctica es muy poca la influencia que los consumidores a través de sus asociaciones estamos ejerciendo sobre las decisiones políticas, pero día a día vemos como un nuevo tipo de organizaciones, las plataformas de peticiones, publicas en algunos países, privadas en el nuestro como change.org o Avaaz.org trasladan on-line a la ciudadanía peticiones o demandas que son firmadas por los ciudadanos ejerciendo sus resultados notable influencia sobre empresas y administraciones.

Mi propuesta es que una vez conocido y bien definido un problema como el despilfarro expuesto utilizar estas plataformas para exponerlo y solicitar de los ciudadanos el apoyo con su firma a los cambios necesarios.


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Comentarios

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2 comentarios

  • paqui berenguer
    05 de septiembre 11:40

    Estoy radicalmente en contra de la obsolescencia programada.
    No obstante, es algo difícil de detectar y definir para el profano. Tal vez se pudiera crear una plataforma online line contra la obsolescencia programada en la que personas de distintos ámbitos (informática, textil, electricidad, leds...) Que tuvieran conocimientos especializados, pudieran evaluar productos del mercado y publicar on LINE una espècie de clasificación de durabilidad del producto.
    El consumidor vería si compra una calculadora con obsolescencia o no. O un móvil, o una impresora o un vaquero, coche, lavavajillas....
    Además, estos mismos especialistas podrían plantear las correspondientes peticiones de forma fundamentada.
    También podrían dar servicio de reparación de productos con obsolescencia programada, ya que algunas veces se subsana con software.

  • equipo plantaccion
    03 de septiembre 11:26

    ¡Hola de nuevo @franscisco v.! Muchas gracias por subir otra idea a Plantacción.
    La obsolescencia programada es sin duda una práctica que en absoluto beneficia a la reducción de residuos o a alargar la vida de los productos, así que gracias por plantear el tema y por tu reflexión.
    Efectivamente es la clase política quien debería atajar este problema imponiendo límites a las empresas. En 2017 el Parlamento Europeo hizo un llamamiento a la Comisión Europea y los estados miembros para empezar a tomar medidas contra esta tendencia. Aunque de momento parece que no ha habido grandes avances, es un primer paso significativo.
    Mientras tanto, peticiones desde la sociedad civil como la que propones seguro que ejercen influencia en las decisiones políticas y merecen la pena llevarlas a cabo.
    Un saludo,
    Equipo de Plantacción.

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